Una fría y ventosa mañana en El Berrueco reunió a seis valientes para una exigente ruta sin paradas, marcada por el ritmo constante, el barro pesado, las roderas profundas y los pinos caídos, que obligaron a estar muy atentos pese a que el IBP no fuera alto. El viento helador y el terreno castigaron tanto a ciclistas como a baterías, llegando alguno justo de autonomía al final, pero sin incidencias destacables y con muy buena compañía. Aunque esta vez no hubo torreznos y se improvisó un final más saludable con fruta y verdura, la salida sirvió para despedir el invierno con una agradable mañana de marzo.
- Café: Bar Estanco Alí
- Parada: El Berrueco, fruta y verdura
- Participantes: 6
- IBP: 66


- Pausa: 00:17
- Dificultad: 1/5
- Incidencias: viento, árboles caídos
El Berrueco – Entre Pinos Caídos, barro y viento frío
Vaya mañanita nos ha salido en El Berrueco. De esas que te dejan los dedos como carámbanos y te recuerdan por qué nos llamamos «Enchufados»: ¡porque hay que estar muy conectados a la pasión por el pedal para salir con ese viento helador! Una ruta “non stop”, sin tiempo ni para tomar mi manzana de media mañana, con buen ritmo intentando esquivar el viento, donde la compañía fue, como siempre, lo mejor del día.
Los seis valientes y el azote del invierno
Nos plantamos en la salida seis jinetes del apocalipsis eléctrico: Marisa, Antonio G, Carlos (nuestro gurú de Sanagusbike), Juan F, Pedro V y Pedro O. El termómetro marcaba poco, pero el viento helador que soplaba en la sierra hacía que la sensación térmica bajara de los 7°C sin despeinarse. Ese aire cortante no solo te enfriaba las ideas, sino que soplaba de costado de tal forma que había que agarrar el manillar con ganas para que la bici no decidiera irse por su cuenta hacia los arbustos.
Barro, pinos y una «jartá» de roderas barrosas
Si el frío no fuera suficiente, el terreno estaba para nota. Nos encontramos un escenario dominado por el agua y ese barro -en algunas- arcilloso que se pega como un mal pensamiento. Las rodadas estaban muy marcadas y profundas, lo que nos obligó a tirar de técnica de la buena para no acabar «haciendo un p… empujabici» en cada surco.
Aunque el IBP oficial marca un 44, no os dejéis engañar por los números: con el estado del suelo y la cantidad de pinos caídos tras los temporales, obligaban a estar atento y un esfuerzo mayor.
Suspenso eléctrico: «Enchufado» por los pelos
Ya presumía yo al inicio que llegaría justito y, según avanzaba la ruta, empecé a ver cómo los vatios volaban y la autonomía caía por culpa del frío, viento y de lo pesado que estaba el terreno. Iba con el dedo cruzado y el modo «Eco» echando humo, rezando para que la electrónica no me dejara tirado en el peor momento. Al final, entramos en El Berrueco con una sola raya roja parpadeando en el display, «enchufado» por los pelos, demostrando que en estas condiciones la gestión de la batería es importante a partir de ciertos… kilómetros.
¿Torreznos? No, hoy toca Vitamina C
Al terminar, algunos buscaron el merecido homenaje, pero el destino (y quizá el puesto ambulante del pueblo) nos tenía preparada una sorpresa: No hubo torreznos!, un drama nacional en toda regla para un Enchufado que se precie.
En un giro inesperado hacia la vida sana, algunos terminamos sustituyendo la ración de grasa porcina por bolsas de fruta y verdura que compramos allí mismo.
A pesar de la falta de «combustible» tradicional, el buen ritmo, la ausencia de incidencias y la mejor compañía hicieron, una vez más, una agradable ruta para -al final- despedir el invierno con una soleada mañana de marzo