La Cabrera – nieve

En una fría mañana en La Cabrera, ocho ciclistas emprendieron la ruta de Esparzaco entre nieve, barro y paisajes helados, disfrutando de un agarre sorprendente pese a las dificultades del terreno y los surcos creados por la lluvia previa; la jornada estuvo marcada por la camaradería, incluida una caída cómica protagonizada por Nico y Draker, y por un desvío inesperado en El Berrueco debido a una montería que los llevó por carretera, manteniendo siempre el espíritu aventurero hasta completar 46,7 km y 721 m de desnivel, coronando la experiencia con cervezas y torreznos cortesía de Enrique, convirtiendo la travesía en un recuerdo inolvidable de amistad y superación.

  • Tiempo en movimiento: 03:00
  • Pausa: 00:45
  • Vel. med. mvto: 14,7 kmh
  • Dificultad: 2,5/5
  • Incidencias: pequeño choque, caza

CRÓNICA DE UNA NIEVE ANUNCIADA

La brisa fría matutina en La Cabrera anunciaba que la aventura no sería fácil. A primera hora del día, ocho intrépidos ciclistas se reunieron, armados no solo con sus bicicletas, sino con un espíritu audaz que desafiaba la climatología y la nevada del día anterior. La ruta de Esparzaco, diseñada por Esparza Enrique, prometía paisajes de una belleza helada, se convirtió en el telón de fondo perfecto para una jornada épica.
Desde el primer pedalazo, el suelo cubierto de nieve ofrecía un agarre espectacular. Los tacos de nuestras bicicletas se adhirieron al terreno, como un récord de velocidad, desafiando cualquier temor al deslizamiento. A medida que avanzábamos en la ruta, era evidente que el agua del día anterior había hecho su trabajo, creando surcos y canales en el camino que desafiaban nuestra destreza. En algunos tramos, el barro se hacía espeso era casi imposible mantener el ritmo, convirtiendo algún tramo del trayecto en una prueba de resistencia.
A mitad de la ruta, la camaradería entre los ciclistas fue interrumpida por un inusual incidente. Nico, distraído y sin su intermitente puesto, fue tardíamente visto o por Draker, quien, absorto en sus pensamientos, no logró reaccionar a tiempo y terminó haciendo un “escarabajo” en plena caída. La risa, como siempre, fue la mejor medicina y sirvió para recordarnos que, a veces, lo mejor de una ruta no son solo los paisajes, sino las pequeñas anécdotas que nos acompañan.
Al llegar al Berrueco, nos encontramos con una situación inesperada: una montería en la zona. La ruta tuvo que desviarse, llevándonos a tramos de carretera que, aunque menos deseados, ofrecieron momentos de adrenalina y nuevas vistas. En este desvío, el espíritu de aventura no decayó; al contrario, la camaradería creció.
Finalmente, tras los 46,7 kilómetros recorridos y los 721 m de desnivel acumulado y las sorpresas del día, llegamos al punto de partida, donde Enrique, con su habitual generosidad, decidió obsequiarnos unas cervezas y torreznos. La celebración fue el colofón perfecto para un día lleno de retos y risas compartidas. Agradecimos no solo el nuevo carro de Enrique, que lo merecía, sino el hecho de haber salido juntos a enfrentarnos al frío y a la nieve.
Así fue como, en una fría mañana de invierno, un grupo de ocho ciclistas no solo desafió la climatología, sino que también forjó un recuerdo imborrable. La ruta de Esparzaco se transformó en un relato de camaradería que, sin importar el clima, siempre sabe abrirse paso. Dios me los bendiga!!!

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